Las dos postemporadas del 2009

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Desde que comenzó el comodín por allá por 1995, como un respuesta compulsiva de las grandes ligas a la ausencia de postemporada en 1994 por la huelga asesina que acabó con las aspiraciones de los Expos de Montreal de no fallecer antes de ver un partido en octubre, la postemporada ha tenido serios problemas generados por el clima, que acelera en el frío durante octubre y noviembre en pleno otoño boreal.

El hecho de que las series mundiales ahora termine jugándose en noviembre es sin lugar a dudas un hecho que ha modificado, en gran medida la forma en la que se juega el béisbol, por el frío exagerado que hay en ciertas ciudades a estas alturas del año. Nueva York, Boston, Chicago, Minnesota, Detroit, Seattle, Toronto, Philadelphia, Cleveland y Milwaukee, son ciudades en las que la temperatura a estas alturas del año puede llegar a los cero grados centígrados, con cierta facilidad.

Por supuesto, si usted es un ciudadano normal de cualquiera de de estas ciudades, el hecho de estar a cero grados, lo compensa con una excelente calefacción que encuentra en la mayor parte de los lugares públicos, pero si usted tiene que salir a tratar de correr durante tres horas e intenta que sus músculos no se destrocen en el intento, entonces usted es un jugador de béisbol o fútbol americano en los Estados Unidos.

El asunto es que en el béisbol los tiempos pasivos son muy grandes y por ejemplo un outfielder puede durar mucho tiempo sin moverse, por lo que un arranque repentino para fildear una bola puede romper cualquiera de los músculos de sus piernas.

La peor parte la sufren los lanzadores, que tratan de luchar contra sus dedos congelados, esto llega a puntos terribles, que hasta hacen que el propio béisbol revise una de sus reglas básicas, que es el impedimento que tienen los lanzadores de llevarse la mano a la boca mientras están en el montículo, permitiendo que todos los pitchers en cualquier momento se lleven la mano a la boca para tratar de calentar sus dedos.

El impedimento de llevarse la mano a la boca tiene como intención que los lanzadores no puedan ensalivar la bola, en parte tratando de proteger a los bateadores de lanzamientos salvajes de lanzadores que gracias a una bola ensalivada pierdan el absoluto control de un proyectil que viaja a unas noventa millas por hora en las mayores con mucha regularidad. 

Ahora vemos a una buena cantidad de lanzadores que tienen serios problemas para controlar sus lanzamientos quebrados, los que peor se la ven son los son los relevistas que tienen que calentar a mucha velocidad para estar listo a tiempo para sus managers, pero que ven como es físicamente imposible hacerlo en la cantidad de lanzamientos y el tiempo que tienen acostumbrados. Esto sin contar que después de estar en el montículo, los dedos pierden su sensibilidad y con ello la capacidad de dominar las costuras de la bola.

Todo esto viene al cuento, porque estas series de campeonato se están jugando en los dos rincones opuestos de los Estados Unidos, mientras que Nueva York y Philadelphia están en la costa este muy al norte y con u clima que tiene ciertas tendencias glaciares Los Angeles está en la costa oeste a siete horas de distancia de las primeras en avión  y con un clima mucho más dócil. Para muestra un botón, mientras que el domingo a las 10 de la noche Nueva York estaba congelándose a 1 grado centígrado,  Los Angeles estaban a unos extraordinarios 17 grados y tuvo todo el día un sol radiante.

Entonces, dado esto, hay dos series de campeonato totalmente diferentes, una que se juega en Nueva York y Philadelphia y otra en Los Angeles, con muchas horas de viaje y condiciones climatológicas totalmente opuestas y son la causa de muchos de los errores que hemos podido ver en estas series de cierre de temporada, hace veinte años a estas alturas ya no se jugaba béisbol, pero ahora se ha hecho necesario insertar un play off más con lo que se juega aproximadamente 15 días más en el calendario y nos acercarnos más al invierno.

Por supuesto que esto ha servido para que muchos chicos,como Derek Jeter ostenten todos los records de postemporada, pero por otro lado han ido en detrimento del espectáculo mismo. La solución parece sencilla, volver al calendario de 154 partidos como se jugó hasta 1960. Claro que esto atentará contra la cantidad de records que se puedan romper, pero también nos permitirá ver una mejor postemporada sin tantos errores como hemos visto y nos faltan por ver debidos al frío extremo y sin las ventajas profundas que van a tener los equipos del norte en este caso Yankees y Phillies sobre los sureños equipos de los Angeles

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